por Angélica Diez
Invitemos a María a nuestra casa para que amase el Pan Sagrado con su ternura y nos lo dé porque lo necesitamos. Necesitamos esa renovación interior que nos lleve a descubrir que realmente tenemos hambre de ese Pan Verdadero.
"La Virgen Madre que llevó en su corazón el Verbo hecho carne nos acompaña y ayuda en este itinerario de santidad, porque de eso se trata, de responder a ese llamado a la vida. Así, nuestra existencia, alimentada por la Palabra y por el Pan de vida, llegará a ser totalmente eucarística y se convertirá en acción de gracias al Padre por Cristo en el Espíritu Santo" (Benedicto XVI).
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